Ballena. Dominica Ahumada Medina. (11 años) © copyrigth.

Red de amig@s unidos por el arte.

8 ene. 2017

Tierra de Calafia. Aquí vivo.




Como un horno cálido


Entramada en los giros de la  literatura medieval, Garci Rodríguez de Montalvo (1450-1505), en su obra las Sergas de Esplandián (1510), en el siglo dieciséis, daba a conocer en la península Ibérica, la existencia de una isla en lejana
tierra habitada por mujeres guiadas por, la amazona Calafia...




Sabed que a la diestra mano de las Indias hubo una isla, llamada California, muy llegada a la parte del Paraíso Terrenal, la cual fue poblada de mujeres negras, sin que algún varón entre ellas hubiese, que casi como las amazonas era su estilo de vivir.

“Éstas eran de valientes cuerpos y esforzados y valientes corazones y de grandes fuerzas. La ínsula en sí la más fuerte de riscos y bravas peñas que en el mundo se hallaba.
“Las sus armas eran todas de oro y también las guarniciones de la bestias fieras en que, después de las haber amansado, cabalgaban; que en toda la isla no había otro metal alguno.
“Moraban en cuevas muy bien labradas, tenían navíos muchos en que salían a otras partes a hacer sus cabalgadas, y los hombres que prendían llevarlos consigo, dándoles las muertes que adelante oiréis.
 ...y algunas veces que tenían paces con sus contrarios, mezclábanse con toda seguranza unas con otros, y habían ayuntamientos carnales de donde se seguía quedar muchas  de ellas preñadas, y si parían hembra, guardávala, y si parían varón, luego era muerto […] fin de cita.

          Sitúa tu cuerpo en una geografía  lejana, el sueño de un caballero. Saladas aguas tallan tus esteros e islas. La  sombra de cardones y el breñal se dibuja en tu alfombra de arena día  y noche. A tu contorno, vestido de espinas y flores del desierto, lo sigue el mar que corre paralelo sin ahogar nunca tu semidesierto.




Tu  piel guarda las venas del paso de ríos secos; corren como potro desbocado en tus entrañas. Palpita el corazón de tus pozos y la transparencia líquida apaga la sed.



Guardas como niña, fósiles como recuerdo. Testimonios  del paso de amonites y saurios, que vivieron placidos en tu  paisaje, hace milenios.



Calafia, bruñida por el sol y el roce de la arena, amazona solitaria a grupa de su Grifo, trasmonta dunas del paisaje, que amanecen con un horizonte niño cada día. Llega hasta el mar, el que golpea con furia las rocas de la costa y acaricia con manos de agua y dedos espumosos, tu contorno arenoso y suave


         Calafia, en octubre te envuelve el manto brillante de la luna… pareces de plata. Solitaria frente a un paisaje majestuoso, recostada en la arena, anudas con suavidad un pedazo del cordón umbilical que te ligaba al hijo varón. El horizonte se nubla por la tormenta en el desierto  ¿ Afuera o dentro ?


 Pericús, Guaycuras y Cochimiés

Disfrutaron la sombra bajo hojas de palmeras en  horas calcinantes. Los dátiles endulzaron su aliento y el ojo de agua apagó su sed.







Enterraron a sus muertos en bolsas de piel de venado y dejaron plasmadas en lajas enormes,  flora, fauna, imágenes pintadas en blanco, negro, y rojo. Testimonio de su alma sensible  y de su universo, el que  pervive a través del tiempo.


















La conquista.

          Bayadera de palmeras mecidas al ritmo de la brisa, acogen ingenuas las pisadas de conquistadores en sus cálidas arenas.




 Corceles, cañones, espadas y atronadoras armas, masacran tu libertad y aplastan el intento de salvaguardar tu lar.


Mientras, el viento ingenuo silba entre el breñal y se perfuma de tus flores que coronan los cardones vestidos de espinas.


En la soledad del semidesierto, hacen el amor  miedo y deseo. Nacen tus nuevos hijos a pleno sol acunados  en tus arenas. Culturas distintas, se cobijan  bajo el firmamento, el que se cubre con su rebozo, bordado de luceros.

 Las misiones

Llegan a imponer su dogma misioneros… la palabra divina, se expande por tus dunas  y los Franciscanos y Jesuitas enseñan artes y  aprenden artes de tu pueblo.


Tus misiones, columna vertebral a lo largo de tu cuerpo, testimonio a pesar del tiempo. Fueron construidas  por tus hijos con sangre, sudor y lágrimas, a semejanza del dolor de ese Dios, que les promete el perdón de los pecados y la vida eterna.


El ranchero




Curtido por el sol, labra sus avíos de caza para su supervivencia, el ágil venado no es más rápido que sus disparos y  como un artista, crea piezas bellas de su piel y cornamenta, degusta su carne envuelta en tortillas palmeadas a mano con manteca y leche de cabra y té de damiana...

Sus manos crean vestiduras para protegerse del breñal. Las chaparreras y el sombrero lo protegen del sol y del viento. La silla de montar,su fusta y  botas son la nueva piel de su cuerpo





Hace panocha de gajo de la miel de caña y quesos de leche de cabra, higos y dátiles  alimentan su necesidad de dulzura




El sol calcinante se refleja en la arena y quema,  las palmeras ofrecen sus penachos para taparse de Ibó, el sol.



Los ranchos surgen como oasis en medio del breñal





y se perfuman con el olor de las pitahayas dulces en pleno semidesierto.




El rancho apaga su sed del ojo de agua que surge de tu vientre y alimenta al oasis 


 
Las parras trepan los techos, caen las uvas y se embriaga, no sólo  el huerto.

Viaja en el viento el perfume de  albahaca y damiana, sobre los campos preñados  en el Valle de Santo Domingo, latido de tu  corazón en pleno semidesierto.  

  

  Ay Sudcalifornia, cuanto ha sucedido y sucederá, desde tu nacimiento.

Quise en este 2017, ofrecer nuevamente esta entrada, volver a sugerir la belleza de la tierra que habito. Cuna ya de mi descendencia. Es una breve mirada a su extraordinaria y siempre sorprendente beldad y origen. Sus habitantes, seguimos trabajando bajo el paradigma de seres humanos siempre en desarrollo, en el ejercicio de los valores del amor a nosotros y a nuestros semejantes sin importar diferencias  de cualquier tipo.   


Leticia Garriga ©

Imágenes de la red.

9 comentarios:

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Sorprende tu capacidad, apreciada, Leticia, para trasladar a tu lenguaje poético, mítica y realidad de una tierra legendaria como la californiana del sur. MI abrazo y aprecio. Carlos

Leticia Garriga dijo...

Agradezco tus palabras y visita muy estimado poeta y amigo. La comida es un tema aparte, tan exuberante como la de tu precioso país. Una lástima que la riqueza de nuestras geografías y su gente, se mancillan por interés en su explotación. Te abrazo.

Taty Cascada dijo...

Leticia, siempre el lugar donde nacimos nos hace partícipes de su belleza, cultura, naturaleza toda. Amamos lo que vieron nuestros ojos por primera vez. Amamos todo aquello que conocimos y sentimos parte de nuestra piel.
Indudablemente tienes motivos de sobra para sentirte orgullosa de tu tierra. Rodeada de tanta belleza, era lógico que nacieras poeta.
Un gran abrazo Leticia querida.

Julie Sopetrán dijo...

Hermoso paisaje, tan distinto a esta Alcarria... Es bueno aprender a ver nuestro entorno y ofrecerlo a los demás para compartirlo. Muy bello, Leticia. Gracias amiga. Un fuerte abrazo y Feliz 2017 para ti y los tuyos.

Leticia Garriga dijo...

Taty y Julie. Me regocijo de su cercanía a pesar del paso del tiempo y la gran distancia. He sabido de sus triunfos en el año que terminó. Taty, felicidades por tu libro de poesía recién presentado con la bella portada creada y pintada por tí. Julie, un honor compartido tu medalla a tu talento que te ofrecieron en Sopetrán,Colombia.Gracias por ser amigas y dejar su valioso comentario.

Marinel dijo...

Me he perdido en tu poética forma de describir ese lugar tan maravilloso que se nota que amas tanto.
Pura magia la forma de llevarnos por todos los costados de su geografía e historia.
Gracias y besos.

Leticia Garriga dijo...

Marinel, un placer siempre recibir tu comentario. Gracias. Mi afecto.

ReltiH dijo...

UN POST MUY COOL. GRACIAS .
ABRAZOS

Leticia Garriga dijo...

Para ti estimado Relthi,que como yo,vivimos en la entraña de nuestro terruño,ojo de agua de la poesía. Abrazo.