Red de amig@s unidos por el arte.

15 abr. 2014





La Desnudez

     Es tan difícil desnudarse, lo hacía en el baño, de espaldas al espejo, no quería verme. Temía esa imagen descompuesta que señalaba cada pliegue de mi piel blanca,  en franco amorío con la ley de la gravedad.

¡Era horrible! Mis senos, verdaderamente enormes, se confundían con el tórax y el abdomen y mis pezones apuntaban inclementes hacia el piso, se podría decir que era una masa informe. Era triste, no podía ponerme las medias. Vivía una verdadera lucha para colocar las puntas de las pantys, en cada pie, invariablemente aún con mis uñas cortitas, lograba romperlas. Además, al caminar mis muslos rozaban en la entrepierna y hacía un ruidito muy peculiar.

Arrastraba los pies al caminar, tenía el arco vencido hacía muchos años, por lo que era una esclava de las plantillas, a veces me equivocaba y era difícil dar un paso con una plantilla del pie derecho, en el izquierdo.

 ¡Qué horror! ¡Era una gorda! aunque...tenía la certeza de que me había costado, lentos y sabrosos años de glotonería y el abandono de ese pecado maravilloso que es la vanidad. Pero sobre todo por el desamor, culpable de mi ruina, en todos sentidos.

Cuando tenía cinco años, caí sentada sobre una caja de folletos y la punta de uno de ellos se encajó en mi vagina. Mis padres me llevaron al doctor. Sollozando y aterrada, me dieron una paleta para que me dejara revisar; la lamí y entre mi confusión y el sabor salado y dulce de la paleta, oí que el doctor dijo algo...  que hizo llorar a mis padres.



Aún así, hoy soy virgen, novios, tuve dos o tres. Hacía poco, un enamorado que vendía los colores con que pinto, me piropeaba y se relamía cuando me decía ¡Que carne más buena!, me gustaría una probadita
-No sabía lo que decía, en cuanto me viera desnuda o sobre él, probablemente sufriría un sofocón o un infarto.

Me daba miedo pensar en el sexo, la desnudez y la evidencia de mis defectos, entre otros, la cicatriz de la operación de mi apéndice, que a estas alturas parecía un cierre de traje de buceo…Tatuaje descomunal que adorna mi vientre.




 -Pobre de mí, estoy destinada a la soledad por el resto de mis días y sólo tengo treinta y cinco años. Aunque debo reconocer que  tengo algo bello ( me lo dice el espejo), la piel de  seda y en mi rostro esencialmente mis ojos, son del color de la hojarasca que arropa el lecho de los árboles en otoño, con los que miro con antojo el mundo que me rodea.

Hay algo que guardo íntimamente. Estoy enamorada del veterinario de mis mascotas. Son dos Frenchys, motas de algodón, Cloe y Psique. Espléndido pretexto para acudir al veterinario, arreglarles el pelo, cortarles las uñas y sin querer, atrapar la mano del Dr. Alejandro entre mis dedos regordetes y el pelo esponjoso de mis amores. En innumerables ocasiones chocaron nuestras miradas y sentí el sudor de sus manos…




Mi vida rutinaria se cobija en la herencia del trabajo honesto de mi padre, un maestro de primaria que se jubiló a los sesenta y murió sin pena ni gloria. ¡Otro más del montón! Decía mamá quién vivió algunos años más que él, aunque siempre recordándolo y criticando su incapacidad para ser millonario.

Vivía con mi tía Carito. Una verdadera pitón disfrazada de pariente, la que destilaba su venero mortal y me daba en el ego y super-ego, como dicen los psicólogos.




-¡Hay Leonorcita, gorda y quedada hijita! Pero bueno, todo tiene remedio en esta vida, menos la muerte. Era uno de sus cotidianos y ácidos comentarios

-Gordita, se te fue el tren, no supiste aprovechar tu juventud y eres una vieja fodonga y gorda.

-¡Maldita sea! Refunfuñaba yo y seguía pintando acuarelas, mi pasión, además de Alejandro el veterinario.

Un día, estaba haciendo mucho frío y verdaderamente me disfracé de oso para combatirlo, sweater, bufanda, pantuflas forradas de piel de borrego... Me dieron ganas de pintar y me acomodé frente al caballete. Dejé que mis dedos y el pincel se confundieran y los colores empezaron a tomar forma en el lienzo.

Pintaba una mujer delgada, bella, con los senos túrgidos y la piel nacarada. Tomé un poco de oro viejo y tracé unos destellos dorados en su larga cabellera. Su sexo era color miel, el que hice mezclando sienas y terracotas. Para el verde violáceo de sus ojos combiné un malva y un verde chartreuse y para el rojo de sus labios, un bermellón oscuro.

¡Ahí estaba! Después de todo no pintaba tan mal. Esa Eva reflejada en mis pupilas, representaba la simiente de la vida, el eco de la fertilidad, la mujer novia que los hombres sueñan en primavera, y pasado el invierno muchos aún la esperan. Me sentí realizada. Hice una mujer bella, con un cuerpo sinuoso y delgado.





Pasaron los meses. Estaba en cama, mis colgajos de piel se enjutaron, no me podía mover. Mi tía Carito me puso el cuadro de Eva frente a los pies de mi lecho para ver si me animaba. 



Pero yo estaba enferma de melancolía. Cloe y Psique se echaban a mi lado. También enfermaron, no querían comer y hubo que llamar al veterinario. Él extrañaba mis visitas, lo llamó la tía Carito y cuando entró al cuarto y miró el cuadro de Eva ¡Quedó prendado!



 Yo acostada, languidecía entre sábanas perladas de algodón bordado (las había hecho por si algún día me casaba). Alejandro miró mi boca rojo bermellón. Se reclinó y tomó mi mano, acercó su cara, ¿Eva? Nuestros labios encarnaron, fue un plácido e intemporal instante.

En ese momento se desató un viento veloz y una ráfaga súbita me sacó por la ventana. La tía Carito abrazó fuertemente a Psique y Cloe, replegándose en la pared, incrédula. Alejandro quedó inmóvil, muy despacito parpadeó mirando hacia la ventana. Se veía el cielo claro y transparente. Casi sin poder moverse, volteó muy lentamente y miró nuevamente el lecho. Entre sábanas perladas ¡Ahí estaba yo!



Fue un instante en el que Alejandro me perdió y recobró después del beso. Había una certeza y una decisión amorosa en nuestra mirada.

Desde ese día, me recuperé de la melancolía ¡Ya no pinto! sólo escribo cuentos como este de La desnudez

leticia ©
Imagen de la red.

12 comentarios:

RECOMENZAR dijo...

nunca estarás desnuda ya que te cubren tus bellas palabras
un besos

AdolfO ReltiH dijo...

MUY GENIAL HISTORIA(INTIMISTA).
UN ABRAZO

http://enancasdelarazon.blogspot.com/

Leticia dijo...

Mucha, no soy yo, es mi otro yo seguramente, y de hecho disfruto cada vez que releo este viejo cuento que escribí ya hace años.
Gracias por visitarme un beso.

Leticia dijo...

ReltiH, oye pana jejeje, me placen siempre tus palabras y agradezco mucho de verdad tu tiempo y lectura.
Te dejo un cariñoso apapacho mexicano amigo.

Mario Avellaneda dijo...

Quien te dice si hablaras de sexo todo cambiaria
jaja

Mario Avellaneda dijo...

Escribir bien no es facil hablando de sexo o hablando de nada
Lo importante es llegar
Muchos escribimos y no llegamos a nada
Un abrazo fuerte querida Leticia

Marinel dijo...

Es una historia preciosa y precisa, ya que el tema o los temas, profundizan, llegan directos al alma de la realidad.
La figura puede ser todo un lastre que a la larga aboque al sufrimiento y esto es un tema hartamente manifiesto en esta sociedad de apariencias.
La tristeza, el desapego de uno mismo si no se es rescatado por ese sentimiento tan espléndido como es el amor, puede arribar a la dejadez absoluta.
Por último, con tu cuento, nos demuestras que para amar, no hace falta regirse por cánones establecidos...
Así que chapeau!
Besos.

Taty Cascada dijo...

Nuestro envase corporal siempre es y será una preocupación que a veces nos hace olvidar que lo verdadero está por debajo de la piel. Vivimos en una sociedad exitista, que aprecia lo bello, lo joven y deshecha lo que no está dentro de los cánones actuales de belleza y perfección. Este tipo de obligación por estar siempre dentro de tallas diminutas, evitando las arrugas, ocultando las canas, nos hacen ser envases plásticos que olvidan que somos seres humanos perfectibles de cambios. Referente a la melancolía del personaje, también forma parte de nuestros tiempos modernos. Vivimos en sociedades cada vez más solitarias que al alejarse unos de otros, pierden el total sentido de la vida y se olvidan de sus talentos personales. Solo me queda decirte que escribes de maravilla mujer.

Leticia, agradezco tu sincero y solidario comentario sobre mi querido país. Valparaíso es un puerto muy especial, con casitas multicolores que rasguñan los cerros y alcanzan el cielo. Varios de esos cerros fueron arrasados por el fuego; pero ya estamos todos ayudando para levantarlos y emociona ver como los jóvenes con pala en mano están limpiado todo para volver a comenzar. Esa es la gran lección de todo: siempre es posible el renacimiento de todo.

Un abrazo inmenso mi querida escritora.

Leticia dijo...

Mario, ha sido un placer visitarte y encontrarme con la sutileza del vocabulario que escoge la expresión que huye de los lugares comunes y la vulgaridad y se adentra en el sentimiento con arrojo.
Gracias por dejar tu comentario. Un placer tu llegada a mi blog.

Leticia dijo...

Marinel, mi adorada gordita es la otredad desvalorizada por la sociedad. El físico y su acercamiento a la perfección en general en las distintas sociedades, es una utopía a seguir y esta supra valorado.
¡Claro que sí es importante el físico! sobre todo para ciertos desempeños. En fin, para un simposio. Gracias siempre por acompañarme en esta aventura que escribimos con hilo negro.

Leticia dijo...

Taty, déjame decirte que es una especie de milagro, encontrar afinidades en este medio, para mi eres una de ellas. Creo que lo que se dicen nuestros escritos nos mantiene unidas en ese invisible y majestuoso ejercicio de expresar en palabras lo que nos dicta la alquimia de nuestra lengua hermana y nuestro espíritu. Estoy aquí, siempre contigo. Un gran abrazo solidario querida Taty.

RECOMENZAR dijo...

He vuelto a tu blog ya que me he quedado impactada leyendo tus otros textos
llueve en Miami