Red de amig@s unidos por el arte.

29 may. 2013

LACASA DEL DESAMOR






Era gris a pesar de su color violeta. La puerta hizo un ruidito peculiar al abrirse, penetré detrás de unos pasos tristes, casi sin sentido. Esta es la casa, dijo Elena, sus palabras sonaron como las de una niña insegura. Mire los objetos que tiesos y sin brillo se adivinaban debajo de una capa de polvo. Seguí su voz que con tono hastiado me daba explicaciones, aunque ¡No las había ni para ella misma!, entramos por un pasillo a un cuarto grande, el sol que sonreía con una mueca indefinida, me miro de frente desde la cabecera de cedro. Pase la mirada por todas las cosas y descubrí al desaliento y abandono que se cobijaban entre la ropa arrugada sobre la cama. Irremediablemente el desamor se había apoderado de los rincones y se escondía en cada rendija de la casa.

 Tras la puerta del cuarto, me sorprendí al encontrar a una mujer vieja muy pequeña, me miró impávida, muda, intentaba borrar de una camisa el contorno sugerido de su dueño.

 Elena seguía caminando delante de mí, hablaba y bostezaba, siempre tenía sueño, quería dormir y no ver nada. Olvidarse de todo y quizá en un momento desesperado, huir a la otra orilla, pero no, tenía que cocinar y esperar a Yoél, único nexo con ese amor pasado. Los colores en el interior, el rojo, el verde, el gris o los jirones del mueble que se destiñó en el decurso de su hastío, eran parte de la casa.

Indolente ella me invitaba a no fijarme en el desastre, mientras me mostraba sus adornos. La última cena de cerámica, dejaba ver los ojos de los apóstoles desorbitados, un pedazo de la cabeza de un pájaro había sido pegado al cuello de Judas. Jesús tenía polvo en cada espina de su corona y los pliegues de su ropa gris pedían algo. Miré hacia una puerta-ventana, estaba abierta, el desorden y la tristeza se pegaron a las paredes y me dejaron pasar entre muebles desvencijados y macetas con plantas desahuciadas. El jardín con sus abrojos y su color de sequedad amielada, pintaba el exterior que languidecía en el medio día de otro día más.

El maldito amor era el que trastornó todo, se fue pudriendo cada día, ella lo sintió en el centro de su pecho, había huido por la puerta, se había escapado de sus encantos a pesar de todos sus esfuerzos y en medio de una confusión enorme, la dejó. Se quedó sin su mirada tan profunda, sin su aliento tan cálido, sin su voz, sin sus manos, sin su cuerpo.

El amor se fue, aunque… pareciera que algunos atardeceres lo traerían de nuevo, le gustaban tanto, habían sido bajo el mosquitero apasionados y radiantes. Pero no, él sólo habita en el ayer de la casa de ella. En el hoy, el desamor es el señor con cuerpo de polvo embarrado en las paredes, que a veces se escurre por el fregadero, se va por el caño cuando la vieja pequeña le echa jabón en una guerra cotidiana.

Elena regresa a la casa, sólo por Yoél. Irremediablemente viene de día y se va por la noche... a su otra casa.
 leticia©
Imagen de la red.
*Yoel es su hijo. El texto lo escribí hace varios años y a petición de un amigo hoy lo comparto.

7 comentarios:

Ignacio Carcelén dijo...

Los soñadores esperamos la puerta abierta a nuestra locura.

Kasioles dijo...

Es muy difícil resistirse a los encantos del amor, su fuerza, su pasión, nos atrae como mariposillas locas a los bellos colores de una flor.
Te felicito por ese relato ¡cuántas formas de desamor puede haber!
Sólo venía para agradecer tu comentario y despedirme.
Sabes que te he cogido cariño y que te echaré en falta.
Hasta mi vuelta, te dejo un fuerte abrazo.
Kasioles

Fina Tizón dijo...

Me suena haber leído este relato tuyo en otra ocasión, Leticia.

Es desgarrador. La pérdida de un ser querido, la atracción envuelta en el dolor que hace que tu personaje regrese a la casa de sus sueños, para empaparse de la esencia de todo aquello que compartió con el ausente, día tras día, para después beber de esa fuente que nunca se secó.
Precioso, Leticia
Te mando un abrazo

Fina

Leticia dijo...

Amigas, gracias por su lectura, la que he subido al blog nuevamente a petición de un amigo, lo que advierto al pie del mismo.
De cualquier manera, siempre es abrumador el desamor el que por cierto tiene muchas caras, la más dolorosa creo que es -el desamor en compañía-
Un placer Kasioles y Fina, me da alegría saber que no estoy sola.

JOSE-MARIA dijo...

Me gusta. Pero es que... lo narras, lo describes todo de tal manera, que ¡es que se ve!

Gracias por compartirlo.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Un hijo, la casa y el desamor...la huída a ese mundo donde el placer se hace mercado de piel. Un abrazo. carlos

Ceciely dijo...

El verdadero amor, creo, nunca se olvida. Triste la morada donde ha huido el fuego que mantiene latente las personas, las cosas y hasta el mismo fluir de la vida.
Prosa impecable que se siente y rasga los muros de muchos hogares.
Muy lindo Leticia, gracias por compartirlo.
Pasa un lindo viernes.
Abrazos efusivos.