Ballena. Dominica Ahumada Medina. (11 años) © copyrigth.

Red de amig@s unidos por el arte.

5 sept. 2012


Estimados lectores,  haciendo un paréntesis en mi prosa poética, les ofrezco un breve relato, fue publicado en el primer número de la revista La Mala Mujer de la cual fui co editora.

La Casa del desamor


Era gris a pesar de su color violeta. La puerta hizo un ruidito peculiar al abrirse, penetré detrás de unos pasos tristes casi sin sentido ¡esta es la casa! murmuró Elena, sus palabras sonaron como las de una niña insegura; mire los objetos que tiesos y sin brillo se adivinaban debajo de una capa de polvo. La seguí, su voz con tono hastiado me daba explicaciones, aunque ¡no las había ni para ella misma!
Entramos por un pasillo a un cuarto grande, el sol que sonreía con una mueca indefinida, me miro de frente desde la cabecera grabada en cedro, pase la mirada por todas las cosas y descubrí al desaliento y abandono que se cobijaban entre la ropa arrugada sobre la cama. Irremediablemente el desamor se había apoderado de los rincones y se escondía en cada rendija de la casa.

Tras la puerta del cuarto, me sorprendí al encontrar a una mujer vieja y muy pequeña, me miró impávida, muda, intentaba borrar de una camisa el contorno sugerido de su dueño.

Elena seguía caminando delante de mí, hablaba y bostezaba, siempre tenía sueño, quería dormir y no ver nada. Olvidarse de todo y quizá, en un momento desesperado, huir a la otra orilla. Pero no, tenía que cocinar y esperar al único nexo con ese amor pasado, Yoél. Los colores en el interior, el rojo, verde,  gris o los jirones del mueble que se destiño en el decurso de su hastío, eran parte de la casa.

Indolente, ella me invitaba a no fijarme en el desastre, mientras me mostraba sus adornos. La última cena de cerámica, dejaba ver los ojos de los apóstoles desorbitados, un pedazo de la cabeza de un pájaro había sido pegado al cuello de Judas, Jesús tenía polvo en cada espina de su corona y los pliegues de su ropa gris pedían algo. Miré hacia una puerta-ventana medio abierta, el desorden y la tristeza se pegaron a las paredes y me dejaron pasar entre muebles desvencijados y macetas con plantas desahuciadas. El jardín con sus abrojos y su color de sequedad amielada, pintaba el exterior que languidecía en el medio día de otro día más.

El maldito amor era el que trastornó todo, se fue pudriendo cada día, ella lo sintió en el centro de su pecho, había huido por la puerta, se había escapado de sus encantos a pesar de todo y en medio de una confusión enorme, la dejó. Se quedó sin su mirada tan profunda, sin su aliento tan cálido, sin su voz, sin sus manos, sin su cuerpo.

El amor se fue, aunque… pareciera que algunos atardeceres lo traerían de nuevo. Le gustaban tanto, habían sido bajo el mosquitero apasionados y radiantes; pero no, él sólo habita en el ayer de la casa de ella, en el hoy, el desamor es el señor con cuerpo de polvo embarrado en las paredes, que a veces se escurre por el fregadero, se va por el caño cuando la vieja pequeña le echa jabón en una guerra cotidiana. Elena regresa a la casa, sólo por Yoél. Irremediablemente viene de día y se va por la noche... a su otra casa.
leticia
Imagen de la red.

10 comentarios:

mj dijo...

Un buen título para un buen relato. Una casa interior con muchos laberintos.
Un abrazo

Leticia dijo...

Sí Eternauta,el lar es entonces habitado por el desamor. Gracias por tu comenario.un abrazo

ReltiH dijo...

AUSHHHHH, ESTE TEXTO DUELE MUCHOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Fina Tizón dijo...

¡Cuánto desamor derrama tu relato, amiga Leticia!. Tu protagonista, perdió la esperanza, agotando sus días temerosa de caer en el abismo. Duele, cuando se lee.

Un fuerte abrazo

FINA

Leticia dijo...

Sabes Fina, me gustó nombrar a su hijo... Yoél, por él, ella vuelve a su otrora hogar de día y se va después a su otra casa. Gozo mucho la creación con libertad aunque a veces no encuentro palabras exactas para nombrar los cambios en nuestro actual universo, ya las iremos inventando en lo cotidiano, cosa que es una realidad a través de la historia de la creación de cualquier lengua "nombrar su universo al paso del tiempo". De ahí que los diccionarios se actualizan bajo la tutela de La Real Academia, en el caso del español.
Me gusta mucho tu visita siempre Fina,disculpa que me extendí.
Mi saludo cariñoso simepre.

Elsa Tenca-Mariani dijo...

El desamor ,tú dices,LETICIA.
Cuánto resuena en la extensión del mundo: el refugio, la segunda casa, la casa impropia...
Como siempre,Leticia no caes en la autoreferencia,aunque la escritura es subjetiva,pero sin recetas...
Es esto lo que me fascina!!
Mi cariño de siempre:
Elsa.

Leticia dijo...

Elsa, eres un bastión como amiga y no se diga como escritora y lectora. Me pule y es un honor,
recibir siempre tu madurez y preciso criterio en tus comentarios.
Mi amistad y cariño siempre poeta.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Me encanta esa metáfora de la casa del desamor, como metáfora del amor huyente. Es que cuando el amor ha sido tan fuerte, el olvido nos es fácil, y siempre volvemos a los recuerdos, y las nostalgias se pegan como telarañas y el olvido no cabe.
Un abrazo. carlos

Leticia dijo...

Carlos Augusto, así es, la nostalgia me parece subyugadora, milagrosa en sí a través del recuerdo en que cobra vida, la comparo con un instrumento de cuerda que hace cantar a la memoria y sin límite de tiempo. Te devuelvo el abrazo.

Camila dijo...

Muy interesante... Todo lo que hacen los mexicanos me parece así, profundo, que te deja algo, que te convierte en parte de su sociedad. Y lo veo bastante con la comida también. Vos vas a los restaurantes mexicanos y salís como convencida de que te sentiste en casa, sea cual fuere tu cultura. No se si es por cómo están decorados, por las historias que te cuentan que hay detrás de cada plato, pero algo te hace sentir especial y segura!